Miércoles, 13 de diciembre de 2017
 
Marajoara, Agustino Recoleto, Sacerdote
 
Las celebraciones más significativas a lo largo de nuestra vida, suelen ser puntos culminantes de un camino lleno de acontecimientos que, en ocasiones, marcan el final de una etapa y el inicio de una nueva; momentos distintos de un mismo camino, especialmente cuando hablamos de nuestra vida cristiana, como seguidores de Jesús, de un modo específico, como son la vida matrimonial, religiosa o sacerdotal.
 

Es desde esta perspectiva – de haber iniciado un camino que comenzó en Portel, un pueblo de la Prelatura de Marajó (norte de Brasil), muy lejos de Granada (España) – que comparto con enorme gratitud un acontecimiento tan significativo en la vida de nuestra comunidad de frailes agustinos, como puede ser la ordenación sacerdotal de un fraile. Hace un par de años celebrábamos el IV Centenario de nuestra presencia en tierras granadinas, y hoy, en el marco de los cincuenta años de nuestra comunidad educativa en Granada (2017-2018), uno se siente agraciado por haber recibido por manos de Mons. Eusebio Hernández (Obispo de Tarazona – Zaragoza) el sacramento del Orden.

            Como religioso OAR, es una oportunidad más que especial para recordar y dar gracias a Dios por los frutos de nuestra misión en Marajó; Por el trabajo y oración de tantos frailes que, después de más de medio siglo, siguen encarnando nuestro carisma Agustino Recoleto junto y con el pueblo marajoara. Uno se ve agraciado y feliz por el don de la vocación junto a esta familia, desde aquellas tierras amazónicas. Después de tantas experiencias de fe compartidas en las Jar y por el servicio de voluntariado en nuestra ONGd Haren Alde (actual ARCORES), y con ayuda de los frailes, uno ha podido ir discerniendo este don, regalo e invitación del Señor, para seguirle a Él y servir al pueblo desde la vida religiosa y sacerdotal.

            Desde el sentido de gratitud por el don de la vocación recibida, haciendo el recorrido con la mente y el corazón, desde Marajó hasta Granada, uno puede reconocer muchas mediaciones que el Señor a lo largo de estos once años (desde 2006 cuando ingresé en el seminario) ha puesto como auténticas señales de su presencia y confirmación para que seguirle y servirle desde nuestro carisma Recoleto: Frailes, familiares, amigos, acontecimientos… tantas realidades por las cuales el Señor se encargó de ir demostrando su presencia en la vida de uno de sus servidores. Un camino comenzado hace más de una década que tiene como bisagras, el 6 de agosto, cuando profesé los consejos evangélicos en Monteagudo (Navarra); el 7 de enero de 2017, cuando junto a fray Iván recibimos el orden del diaconato (Guadalajara – España) y, finalmente, el día de San Jerónimo de este mismo año, con la gracia de Dios he recibido el ministerio sacerdotal en nuestra parroquia de Santo Tomás de Villanueva (Granada – España).

            Por todo lo compartido, vivido y celebrado, uno da gracias a Dios por el camino emprendido hasta hoy, en su compañía y en la de mis hermanos frailes. Uno también siente la necesidad de expresar con cuántos se acerquen a nuestra vida (sea en España, Argentina, Brasil o Venezuela…), especialmente a los jóvenes, la invitación de platearse o el “estar atento” a la invitación de seguir al mismo Señor que me llamó a mí, así como los que me precedieron, y que sigue llamando a tantos jóvenes para la vida religiosa, sacerdotal, o para la vida matrimonial. El sentimiento y sentido en momentos así, no es otro que el de dar gracias, gracias, y más gracias por lo recibido.