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Recordemos lo que en este tiempo tenemos presente en las preces de Vísperas: Señor, que nos llamaste a dejarlo todo y seguirte en la vida agustino recoleta, Concédenos perseverar con alegría en el camino de santidad, buscando aquello que más nos enciende en tu amor.
Fr. Imanol Larrínaga, OAR - 31/05/2017

A luz de esta oración que dirigimos al Señor se abre un horizonte que ojala nos abra el corazón y los ojos hacia un presente y un fututo con vida e ilusión. La Orden, mediante el proceso de Revitalización, afronta en este momento de la historia una experiencia de renovación interior y de estructuras, una experiencia de nueva mentalidad que conlleva la conversión  y la expresión de una vida de fe que comprometa a la entrega total a Dios, a la imitación y seguimiento más libre y radical de Cristo, viviendo más para él y para su cuerpo que es la Iglesia (Const 31). No se trata solo de algo posible, es necesidad urgente salir de nosotros mismos para vivir un verdadero encuentro con Cristo y manifestarnos como personas consagradas cuya razón de ser se vislumbra desde la configuración con Él.

         No necesitamos esforzarnos tanto y en primera instancia sobre nuestra posible instalación en un sitio o en este y tal como se orienta una reestructuración y, en ese contexto, me attrevo a expresar una preocupación: en una Año de SANTIDAD ¿dónde está la luz que llegue a tiempo para que nuestro interior se despeje de los lugares y ponga en  primer lugar el camino hacia la santidad. Recuerdo una enseñanza agustiniana: En esta vida la santidad de cada uno consiste en que el hombre esté sometido a Dios con docilidad, el cuerpo lo esté al alma y las inclinaciones viciosas a la razón (Ciudad de Dios, 19, 27). Lo importante es salir de nuestro pobre espíritu para que así el Espíritu nos llene y nos anime. Una vida religiosa, sin mayores exigencias, en sí misma, sin mayores exigencias, es cómoda, sin inquietudes serias, bastante repetida. Si queremos una verdadera Revitalización hay que salir de nuestra pobre situación personal y comunitariua para que se propicie el ser testigos cualificados en la fe, expertos en la humildad y en el misterio. Algo así como dejar a Dios que nos guíe por sus caminos y por sus sendas y que dejemos a Él protagonizar nuestras vidas.  

         Al fin y al cabo, debemos tener muy clara una verdad: un proceso de Revitalización no es en sí un progama de cómo caminar por dentro en la llamada que Dios nos hace para seguir en fidelidad a nuestro carisma. Es, en línea de santidad, sentir la necesidad de Dios de un Dios que nos enseña verxdaderamente el camino para ser seguidores fieles y ser expresión de auténticos discípulos de Cristo. La santidad se orienta desde un camino, estemos donde estemos, sin separarlo de Cristo, con todas sus exigencias y,m a la vez, con el empeño de compartir con los hermanos los dondes recibidos. En un sentido práctico, es dejarnos evangelizar por el Señor que nos ha llamado y sigue llamándonos a una pobreza de espíritu que des la actitud sobrenatural ante uno mismo y ante la realidad, dejarnos evangelizar en la sencillez para vivir una experiencia de como seguidores de Cristo para vivir una experiencia diaria, estemos donde estemos, sin apariencias de frivolidad y sin olvidcar que el religioso da testimonio de que <sin el espíritu de las Bienaventuranzas, el mundo no puede ser transfigurado ni ofrecido a Dios>(Const 277).

            La Orden se encuentra en una realidad concreta, en el hoy, en este Año de la Santidad. Un momento siempre necesario y deseoso para un cambio radical hasta el punto que haga saltar las seguridades y las posturas acomodaticias. Puede resultar muy crudo el decir que necesitamos salir de la vida de comunidad ya que esa actitud puede crear un peligro de convertirnos en “grupo estofa” ya que nos encontramos bien cómodos y con poco ardor evangélico, perdiendo de este modo los nombres de renovación  y revitalización.

         La Orden, mediante el proceso de Revitalización, afronta este año de Santidad como una experiencia de renovación interior y de estructuras, señalando una nueva mentalidad que conlleve la conversión y la expresión de una vida de fe que comptrometa a la entrega total a Dios, a la imitación y al seguimiento más libre y radical de Cristo, viviendo más para él y ñpara su cuerpo que es la Iglesia (Const 31),  En un proceso de Revitalización, tema más profundo que las meras estadísticas para una reestructuración, se nos plantea cómo caminar por dentro; la llamada de Dios no es solo una palabra dicha al oído sino un anuncio del evangelio para seguir en fidelidad y en confesión de fe dentro de la comunidad. Salir de una casa o provincia a otra sin el sentido auténtico de una vida en santidad es un pasar un momento sin valorar la propia realidad como persona consagrada y nada factible para una ilisión o camino nuevo.

         Cuando la Comisión del proceso de Revitalización nos propuso la realidad de las personas y presencia de la Orden no era para quedarnos en el mero análisis; más bien, era una llamada para que nos dejáramos iluminar desde la Palabra de Dios, desde la fe y desde las Constituciones. Una necesidad en la Orden es bajar al encuentro con el carisma que, en definitiva, es el encuentro con Dios.santidad, y así alejarnos un poco más, o todo, de nuestros planteamientos que dan seguridad para no cambiar de nuestra conducta y seguir viviendo sin salir del propio camino. La llamada al Año de la Santidad es una gracia que nos debe llevar a un análisis de la vida personal y, desde ahí, a una responsabilidad comunitaria.

         No valen  las posturas cómodas ni el ser meros espectadores; en las preces de este Año de Santidad estamos pidiendo: Danos humildad y disponibilidad para seguir a Jesús, Que él llene nuestra esperanza, que nos llene de amor a ti. La oración es necesidad y, a la vez, una disposición interior y exterior en un presente y en un futuro que ojalá sepamos y queramos vivir y gozar lo que la Orden espera de nosotros. Cuando el miedo  a perder la propia comodidad nos dificulta o nos hace desaparecer el proyecto de Dios, la Santidad ¿dónde queda? El Proceso de Revitalización de la Orden nos está manifestando que, por encima de las críticas y de los reproches, a veces muy velados pero siempre dañinos, estamos caminando hacia donde tiene que encaminarse la Orden, a una conversión y a hacer realidad lo de “no podemos opondernos al Espíritu Santo” que hoy no es otra cosa sino la “nueva evangelización” en la Orden  y desde la Orden.

         La santidad conlleva necesariamente una vida interior y puestos a examinar el talante de vida espiritual es preciso constatar, aunque la expresión sea un tanto hiriente, que hay una cierta distorsión radical en el enfoque de la vida interior. En este momento, muchos religiosos necesitamos un noviciado en la vida del Espíritu para una definición exacta de la raíz de nuestro carácter contemplativo. Si no damos el paso de presencializar a Dios nuestra vida no es testimonio, no se visibiliza el misterio de la vida consagrada. Puede ocurrir que estemos muy preocupados por si los resultados del proceso de reestructuración nos afecten y, si embargo, el sentido auténtico de la vida espiritual, camino de santidad, apenas se habla ni se recuerda.

         Hay que manifestar con claridad que el proceso de revitalización, vivido y transmitido, encaje de entrada en una “minoría colectiva” pero, aun así, es un punto de partida para que se lance (¿al igual que los frailes de Toledo?) a un nuevo estilo de vida inspirado en el Evangelio y dar así un paso a una mejoría significativa que quiere vivir y plasmar en la comunidad (local, provincial, de Orden).

         Recordemos una enseñanza agustiniana: en vez de lamentarte contra los tiempos que corren, recuerda que en esta tierra ni la vida ni los tiempos son buenos, Solamente se puede hablar de <buenos tiempos> cuando se hace referencia a la eternidad, Aquí hablamos de días que vienen y se van; allí hablaremos de un día “sin término”. Éste, y no aquellos, debe ser el objeto de nuestros deseos (Sermón  Caillou 92, 2), No es ninguna revelación decir que las posturas, entre negativas y silenciosas, van dando margen a una “justificación personal”, de lamentos con lágrimas hipócritas y cacareando demasiado las dificultades y los imposibles en vez de sacudir nuestra conciencia para creer que la Revitalización es un don de Dios. No nos equivoquemos ni tampoco dejemos en el olvido nuestra responsabilidad ante “un paso de Dios”.

         La Santidad nos sitúa en creer en una fuerza de germinación que procede de la conciencia de los hermanos  que saben y quieren escuchar en este momento la voluntad de Dios y dar la cara al tedioso caminar de dejar las cosas como están. ¿Alguna vez nos examinamos teniendo delante la Orden? En nuestra profesión religiosa pronunciamos: Y, a fin de buscar  con empeño la caridad perfecta, sirviendo a Dios y a la Iglesia en comunidad de hermanos, me entrego de todo corazón a esta familia, hasta hacernos todos nosotros una sola alma y un so,lo corazón dirigidos hacia Dios (Const 37).

                                                              Fr. Imanol Larrínaga oar

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