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El retorno a Roma: la lectura de San Agustín como camino de conversión intelectual

Según publica Church Life Journal, un antiguo pastor presbiteriano —acogido en la Iglesia católica esta pasada Pascua— ha relatado por escrito el itinerario intelectual que le llevó de Calvino a…

El retorno a Roma: la lectura de San Agustín como camino de conversión intelectual

Volver a Roma leyendo a Agustín: una conversión como método

Según publica Church Life Journal, un antiguo pastor presbiteriano —acogido en la Iglesia católica esta pasada Pascua— ha relatado por escrito el itinerario intelectual que le llevó de Calvino a Agustín, y de Agustín a Roma. El artículo, fechado el 24 de agosto, no es una conversión sentimental: es una operación conceptual sobre lo que significa cambiar de visión de la realidad cuando ya se ha fracasado en la anterior.

La quiebra y la lectura Brown

El autor no oculta su biografía: bautizado en una First Baptist, ordenado presbiteriano por motivos que él mismo reconoce poco espirituales, y finalmente apartado del ministerio por un fracaso que califica de personal y profesional. Lo relevante no es el relato, sino la estructura. Esa quiebra le obligó a buscar una categoría distinta para entenderse, y esa categoría resultó ser la experiencia agustiniana leída en su contexto propio. El giro decisivo lo aporta Peter Brown. El artículo rescata una frase del historiador —"La Antigüedad es siempre más extraña de lo que pensamos"— extraída de su ensayo "Rome: Sex and Freedom" publicado en 2013 en The New York Review of Books. Brown hace a Agustín extraño otra vez: lo arranca del cliché calvinista y lo devuelve a su mundo romano, con toda su densidad. Para quien venía del protestantismo, esa operación es teológicamente explosiva: descubre que el Agustín que conocía era, en buena medida, una proyección heredada.

Implicaciones para la formación

Para quienes acompañamos procesos formativos en la tradición agustino-recoleta, el caso es operativo, y conviene leerlo sin prisa. Tres asuntos concretos:

1. La lectura directa de Agustín —sin filtros confesionales heredados— sigue siendo la asignatura pendiente de buena parte de la formación inicial. El texto lo demuestra con un caso límite: un ministro ordenado que, al toparse con la lectura histórica de Agustín, descubre que su Agustín era una construcción recibida, no una experiencia.

2. El encuentro con la Antigüedad tal como fue exige método, no sólo piedad. Brown no devotionaliza a Agustín; lo historiza con rigor, y por eso lo deja hablar. Quien quiera transmitir a Agustín a una generación que ya no comparte los códigos del Barroco necesita esa misma operación previa.

3. La inquietud que describe el autor no es un fenómeno psicológico privado, y conviene no tratarlo como tal. Es la estructura misma de las búsquedas vocacionales contemporáneas: personas formadas en una visión que se rompe, y que buscan otra sin saber todavía cómo nombrarla. Acompañar esa inquietud exige paciencia intelectual, no recetas devocionales.

Itinerario, no respuesta

El artículo de Church Life Journal termina sin conclusiones devotas. Deja la pregunta en su sitio: qué significa, hoy, "volver a casa" cuando la casa es una tradición viva que se interpreta, no que se hereda. Es la cuestión que atraviesa todo el texto, y que el propio autor no resuelve porque no puede. No hay respuestas rápidas en la fuente, y conviene no fabricarlas desde fuera. Sí hay un itinerario claro: leer a los clásicos con la extrañeza que merecen, leer a Brown como mediador honesto, leer a Agustín sin el Calvino que llevamos encima, y dejar que la inquietud cumpla su función sin domesticarla. Lo demás es trabajo nuestro —y aquí el nosotros es deliberadamente comunitario.