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La fortaleza de Santa Ágata: Parolin invita a vivir enraizados en Cristo ante la adversidad

Como informa Vatican News, el cardenal Pietro Parolin presidió el sábado 16 de agosto en Aci Castello, Sicilia, la vigilia de oración con la que se abrió el noveno centenario del regreso de las…

La fortaleza de Santa Ágata: Parolin invita a vivir enraizados en Cristo ante la adversidad

Parolin: Enraizados en Dios, como Ágata, para afrontar las pruebas y dar fruto

Como informa Vatican News, el cardenal Pietro Parolin presidió el sábado 16 de agosto en Aci Castello, Sicilia, la vigilia de oración con la que se abrió el noveno centenario del regreso de las reliquias de Santa Ágata a Catania. Nombrado legado papal por León XIV mediante carta del 20 de junio, el Secretario de Estado pronunció una homilía que leyó el martirio de la santa desde una clave estrictamente cristológica: la fortaleza de Ágata procede de la comunión con Cristo, no de una virtud excepcional ni de una mera determinación humana. La pregunta que esta celebración reactiva no es histórica: es operativa para cualquier comunidad que se reclame de una tradición recibida.

El dato que sostiene la celebración

Las reliquias de Ágata —martirizada bajo el emperador Decio en el siglo III, cuando era aún adolescente, por negarse a renunciar a su fe— fueron trasladadas a Constantinopla por los bizantinos en el siglo XI, durante una campaña contra los sarracenos. Ochenta y seis años después regresaron a Sicilia, desembarcaron en Aci Castello y fueron conducidas en procesión a Catania el 17 de agosto de 1126. La memoria de ese retorno se reactiva ahora con Parolin como legado pontificio. Las reliquias vuelven a Catania después de nueve siglos porque hubo quien custodiara la memoria.

La tesis de la homilía y su alcance

Parolin articuló su reflexión sobre el Salmo 1, deteniéndose en el versículo 6 — «El Señor vela por el camino de los justos»—. La tesis puede formularse así: la fe no elimina las pruebas, sino que proporciona una presencia y fortaleza nuevas para afrontarlas. Los justos no quedan exentos del sufrimiento; lo que se modifica es la capacidad de mantener la dirección interior bajo presión. León XIV lo había sintetizado en su carta al cardenal con una fórmula nítida: «la victoria de la gracia sobre la violencia, de la fe sobre el miedo y de la caridad sobre la muerte».

Parolin añadió un diagnóstico sobre la mecánica del mal que conviene retener: este «no llega con gestos dramáticos, sino a través de pequeños pasos», de hábitos que transforman el corazón de forma gradual hasta acostumbrarnos a vivir sin Dios. Frente a esa pendiente, quien encuentra su alegría en la ley del Señor es, en sus palabras, «el hombre que sabe dónde encontrar su razón de ser»: para él la Palabra no es carga sino fuente, no es límite a la libertad sino camino hacia la verdadera libertad.

A nosotros, que articulamos vida y misión sobre la tradición agustiniana recoleta, esta lectura siciliana no nos llega como un recordatorio piadoso. Nos llega como un diagnóstico operativo. La pregunta por la fidelidad sostenida —por las raíces que permiten dar fruto bajo presión— no es un asunto devocional: es un asunto de estructura comunitaria, de formación inicial y de discernimiento cotidiano. Custodiar la memoria exige la misma tenacidad que mostraron quienes trajeron las reliquias de vuelta y quienes, durante siglos, las conservaron. La cuestión que el noveno centenario plantea no es qué celebramos, sino qué estamos dispuestos a sostener.