Madrid se moviliza por la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado
La Conferencia Episcopal Española y la archidiócesis de Madrid han hecho público el dispositivo de actos y materiales para la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebrará el…

Vigilia, eucaristías y recursos pastorales: Madrid se suma a la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado
La Conferencia Episcopal Española y la archidiócesis de Madrid han hecho público el dispositivo de actos y materiales para la 112ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, que se celebrará el domingo 27 de septiembre bajo el lema «Incluso uno solo de estos pequeños», tomado de Mateo 18,5. La programación madrileña —presentación académica, vigilia ante el CIE de Aluche, eucaristías diocesanas y una jornada de buenas prácticas— se sitúa ante una orden como la nuestra, históricamente vinculada a la misión y a la educación, en lugares donde el acompañamiento al migrante deja de ser opción para convertirse en tarea concreta.
Cuatro piezas, una misma intención
El miércoles 23 de septiembre, de 18:00 a 20:00, el Aula Polavieja de la Universidad Pontificia Comillas (c/ Alberto Aguilera, 23) acoge la presentación diocesana, con intervenciones de Mercedes Fernández (IUEM-Comillas), Rufino García Antón (Delegación de Migraciones de Madrid), Fernando Redondo (director del Departamento de Migraciones de la CEE) y la participación de Vicente Martín Muñoz, obispo auxiliar de Madrid; habrá además una pausa musical del sacerdote Toño Casado.
El sábado 26 por la mañana se celebrará una vigilia de oración ante el Centro de Internamiento de Extranjeros de Aluche, con salida desde la estación de Metro de Aluche. El domingo 27, Jornada Pontificia, la celebración se hará presente en todas las eucaristías de la diócesis, incluida la catedral de la Almudena; la retransmisión por La 2 de TVE partirá de la parroquia de San Romualdo, presidida por monseñor Fernando García Cadiñanos, obispo de Mondoñedo-Ferrol y responsable de la Subcomisión de Migraciones de la CEE. Por la tarde, la parroquia de Nuestra Señora de las Maravillas (c/ Dos de Mayo, 11) acogerá la eucaristía «Morir de esperanza», en recuerdo de los migrantes que pierden la vida en ruta hacia Europa.
Cierra el ciclo el sábado 17 de octubre, con la II Jornada de Buenas Prácticas con Migrantes en la parroquia de San Hilario de Poitiers, espacio de intercambio de experiencias entre comunidades.
El cambio de enfoque que piden los obispos
El mensaje de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y Movilidad Humana instala el debate en un punto preciso: no se puede seguir analizando la migración en cifras, porcentajes o discursos políticos. Una sola vida tiene un valor infinito, escriben, y por eso el lema elegido obliga a detenerse y a cambiar el enfoque, a identificar a cada menor migrante como persona, con historia, miedos y heridas propias, y no como categoría administrativa.
El acento recae en la infancia: el derecho a la seguridad, la educación, la salud y la protección familiar de los niños y niñas migrantes se ve amenazado, lo que convierte a la infancia en el colectivo más vulnerable entre los que llegan. El texto recoge, además, el eco del reciente viaje del papa León XIV a Canarias como marco simbólico que sostiene la llamada pastoral.
Lo que toca revisar en nuestras comunidades
No se trata de multiplicar velas y horarios. La pregunta operativa que la Jornada deja a cualquier comunidad agustina recoleta con presencia en zonas de paso, en barrios de llegada o junto a flujos migratorios es doble.
Primera: si nuestras parroquias y colegios cuentan con protocolos claros de acompañamiento a menores recién llegados, sobre todo en los pasos administrativos que se cruzan con la escolarización. Segunda: si mantenemos cauces estables con las delegaciones diocesanas de migraciones —algunas de las cuales han intervenido en los propios actos programados— y con las entidades eclesiales que sostienen los corredores de hospitalidad, expresamente mencionados en la programación madrileña.
Una orden marcada por la vocación misionera y por la propuesta educativa tiene aquí una tarea precisa: pasar de la disponibilidad genérica al acompañamiento nombrado, con nombres propios, en los lugares concretos donde servimos.